Podríamos seguir aportando datos sobre el impacto de la publicidad en la televisión hasta saciar el apetito de una manada de economistas y sociólogos aburridos. Pero quizás sea más sencillo hacer el esfuerzo de encender la tele y ver cómo, desde el sofá de nuestro salón, somos vapuleados por decenas de anuncios. Ya no solo en los cortes publicitarios, sino que durante la propia emisión de los programas el presentador se levanta y, como hacen los buenos amigos, te recomienda el seguro de coche más barato del mercado, algo que es de agradecer según está la economía.
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| Publicidad pasiva en el programa "Sálvame" |
No obstante, que este tipo de programas dirigidos al entretenimiento incluyan estos reclamos no supone problema alguno más allá de lo molestos que pueden llegar a resultar. El verdadero problema llega cuando estas interrupciones publicitarias se meten dentro de formatos más informativos que basan su valía en el rigor y la veracidad. Si el presentador de los informativos introduce una noticia que perjudica a una empresa y después nos recomienda el producto de la marca rival, estamos perdiendo el cimiento más importante del periodismo: la credibilidad.
El hecho de anunciar productos en medio de un telediario empezó a ser costumbre en las cadenas de nuestro país, por lo que se tomó la acertada decisión por parte del Estado de poner en marcha la Ley General de Comunicación el 7 de enero de 2012 estableciendo que las cadenas "tienen el derecho a que sus programas sean patrocinados, excepto los programas de contenido informativo de actualidad". Es decir, todos aquellos programas de noticas, de investigación, informativos o reportajes sobre las noticias políticas o económicas de actualidad.
Pero si algo nos caracteriza a los españoles es la famosa picardía que puso de moda allá por el siglo XVI Lázaro de Tormes. Así que ante la imposibilidad de introducir anuncios en medio de las noticias relacionadas con política y economía, las cadenas generalistas deciden meter toda la carga publicitaria en la sección de los deportes y del tiempo, evitando así perder la oportunidad de sacarle todo el provecho posible a estas franjas horarias tan cotizadas.
¿Qué supone esto? Pues que la pérdida de credibilidad sigue estando latente, solo que ahora la promoción primavera-verano de El Corte Inglés la anuncia el señor/a que da la información meteorológica y no él que da las noticias principales. Por ello, la ley de la que hablamos anteriormente no fue del todo efectiva, aunque dentro de lo que cabe, remedió en cierta medida la situación.
La ley, aparte de todo lo ya comentado, supuso un cambio radical en la sección de deportes en la mayoría de los canales. En esta apartado, en los últimos años se han quitado el traje de cierta seriedad que exige la profesión periodística para ponerse las chanclas y cargarse la toalla al hombro, haciendo de estos espacios puro entretenimiento. Y aunque es cierto que el deporte en gran medida es entretenimiento, no se puede dejar de lado el rigor en un telediario. Este cambio sustancial en la sección de deportes ha hecho que la competitividad sea cada vez mayor y que cada vez cueste más dinero meter un anuncio en este momento del día (hasta 20.000 euros si el presentador habla del producto). Y no es para menos, pues los platós de los informativos se han convertido en auténticos escaparates decorados de pantallas colosales.
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| Comparativa del plató del telediario de Antena3 en 2001 y 2013 |
Aún con todo esto, que este cúmulo de argumentos negativos no nos nuble la vista, la publicidad es necesaria. Elemento fundamental para que el periodismo siga vivo, ya sea en la televisión, en la radio, en el periódico o en internet. Sin publicidad se moriría el modelo de la televisión en abierto tal y como lo conocemos hoy, pero es necesario saber diferenciar qué momento es apropiado para un anuncio y cuál no. Y no creemos que las noticias (supuestamente imparciales) sean esa ocasión oportuna para introducir un reclamo publicitario.
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| Publicidad de Puleva en la serie "Los Serrano". |
En conclusión, la publicidad es el combustible que mueve el motor de todo medio de comunicación y por lo tanto es necesaria, pero siempre y cuando se utilice en un espacio óptimo para ello. La publicidad se tiene que adaptar al formato televisivo, nunca al revés.
Fuentes:
Fernández Vázquez, Jessica, y Feijóo Fernández, Beatriz. "La inclusión de publicidad en informativos: el caso de deportes cuatro." (2012): 141-150.
¿Tienden a mezclarse la publicidad y la información? ¿Cómo se insertan las marcas en la ficción o la información? ¿Qué problemas plantean? ¿Es ético que los informadores anuncien productos? ¿Está bien que haya anuncios en los informativos? ¿Qué problema plantea el patrocinio de programas y eventos?
José Pablo Contreras Darriba
Raúl Jorge Rodríguez 2ºC


